Gemini les ayudó a planificar una excursión a la montaña… y acabaron necesitando un rescate: la lección que la IA está dando a los estudiantes de Informática.
Se acaba el verano, empiezan las clases y llega uno de los mejores momentos del año para hacer planes con amigos.
Ya no hace un calor insoportable, apetece salir, descubrir sitios nuevos y alguien del grupo empieza con el clásico:
“¿Hacemos una rutita este finde?”
Perfecto.
Buscas una ruta, preparas la mochila, coges el móvil, un poco de agua y… ¿por qué no? Le preguntas a la IA cuál es la mejor opción.
Total, si la IA sabe de todo, ¿no?
Bueno… mejor que no le dejes organizarte toda la excursión.
Te traemos la curiosa historia de estos excursionistas para que te eches unas risas y, sobre todo, tomes conciencia.
Cuando Gemini se convierte en “ese amigo que se lo sabe todo”
La historia ocurrió en el monte Shasta, en California, una montaña de unos 4.300 metros de altura.
Tres excursionistas utilizaron Gemini, la IAl de Google, para preparar la excursión. Entre otras cosas, consultaron información relacionada con la ruta y la cantidad de comida y agua que debían llevar.
El plan parecía bastante controlado.
El problema llegó cuando la planificación teórica y la realidad de la montaña dejaron de coincidir.
La excursión estaba planteada inicialmente para durar unas 8 horas, pero finalmente necesitaron alrededor de 16 horas para llegar a la cima.
Y aquí llegó otro problema: decidieron continuar ascendiendo aunque ya habían superado el horario recomendado para darse la vuelta.
En otras palabras: llegaron a la cima sobre las 19:00, pero después todavía tenían que bajar.
Spoiler: la bajada no fue precisamente un paseo por el parque.
Perderse en una montaña es bastante peor que perderse en Google Maps
Como en una película de terror, durante el descenso perdieron la ruta y tuvieron problemas con la batería del teléfono que utilizaban para orientarse.
Y, para más inri, uno de ellos, sufrió una lesión en la rodilla.
Los tres excursionistas terminaron pasando la noche en la montaña y tuvieron que ser localizados por los equipos de rescate.
La historia ha generado debate precisamente por el papel que tuvo la inteligencia artificial en la planificación de la excursión.
Pero hay algo importante: No todo fue culpa de Gemini. También hubo decisiones humanas.
Continuaron subiendo cuando ya era tarde, dependieron demasiado del teléfono para orientarse y no contrastaron suficientemente la información con otras fuentes.
Y aquí está la parte que nos interesa:
La IA es súper útil, pero contrasta antes la información
Que una inteligencia artificial sea capaz de responderte en segundos no significa que siempre tenga razón.
Puedes preguntarle: “¿Cuál es la mejor ruta para hacer este sábado?”
Y probablemente te dará una respuesta perfectamente redactada, con distancia, duración, desnivel y hasta una explicación de lo bonita que es la ruta.
El problema es que una respuesta que suena convincente puede contener errores.
Y cuando hablamos de elegir una serie para ver en Netflix, puede darte bastante igual.
Cuando estás en mitad de una montaña, con poca batería y empieza a anochecer… ya no hace tanta gracia.
Por eso, si vas a organizar una ruta este otoño, utiliza la IA como una herramienta más, no como tu único sistema de seguridad.
Entonces, ¿cómo organizamos una ruta o viaje sin acabar pidiendo un rescate?
No hace falta convertirse en un experto en supervivencia. Simplemente aplica estas sencillas reglas para que a ti no te pase:
1. Pregunta a la IA
Puedes utilizar Gemini, ChatGPT u otra herramienta para buscar ideas.
Por ejemplo: “Quiero hacer una ruta de 10 km cerca de Madrid, de dificultad media y que pueda hacer en unas 4 horas. ¿Qué opciones tengo?”
Perfecto. Ya tienes un punto de partida.
2. Pero después… comprueba la información
Aquí está la parte importante. Busca la ruta en fuentes especializadas y oficiales y comprueba:
- Distancia real.
- Desnivel.
- Duración aproximada.
- Dificultad.
- Estado de los caminos.
- Meteorología.
- Restricciones de acceso.
- Horarios.
- Avisos de seguridad.
Y, sobre todo, comprobar cuándo se actualizó esta información.
Una ruta que era perfecta hace unos meses puede no serlo hoy debido a obras, desprendimientos, restricciones, cambios meteorológicos o caminos cerrados.
Lo mismo aplica si te vas de viaje. Contrasta:
- Si necesitas visado o pasaporte para entrar el país.
- Permiso extra como el ESTA para EEUU.
- Si te funcionan las apps normales que sueles usar, o necesitarás VPN.
- Tipo de moneda y apps para pagar, como Alipay o WeChat para China.
- Tipo de enchufe.
- Principales normas de seguridad, responsabilidad social, de tráfico, etc.
¡Todo lo que se te ocurra y los imprevistos que puedan surgir en mitad de un viaje!
3. Importante: no dependas únicamente del móvil
Este punto parece bastante obvio… hasta que te encuentras con un 8% de batería, el móvil se rompe o extravía.
Lleva el móvil cargado, pero considera también otras alternativas de orientación.
Y si vas a una zona sin cobertura, infórmate previamente sobre las condiciones de la zona.
Porque tener Google Maps abierto no significa que tengas cobertura en mitad de una montaña.
4. Si la ruta se complica, toca darse la vuelta
Esta quizá sea la regla más importante.
Si la ruta estaba prevista para 4 horas y llevas 6, algo no está funcionando bien.
Si empieza a anochecer y todavía queda mucho camino, tampoco es el momento de decir:
“Ya que estamos aquí, llegamos hasta arriba.”
La montaña no sabe que tienes clase el lunes. Y tampoco le importa que tengas una racha de 87 días en Strava.
La IA no siempre sabe cuándo está equivocada
Una vez más, este caso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión importante para cualquier estudiante de Informática: la IA puede ser una herramienta potentísima, pero no sustituye al criterio humano ni a la verificación de la información.
Los modelos de inteligencia artificial generativa están diseñados para producir respuestas útiles y coherentes a partir de enormes cantidades de información.
Pero eso no significa que todas sus respuestas sean correctas.
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El problema de estos excursionistas no es únicamente que utilizaran inteligencia artificial.
Es que confiaron demasiado en una información que deberían haber contrastado.
Uno de los problemas más conocidos son las llamadas “alucinaciones de la IA”: respuestas que pueden parecer convincentes, pero contienen información incorrecta, incompleta o fuera de contexto.
Para un estudiante esto puede ser una simple respuesta equivocada en un trabajo.
Pero en otros ámbitos, las consecuencias pueden ser devastadoras.
Por eso, una de las habilidades más importantes en la era de la IA no es únicamente saber utilizar ChatGPT, Gemini o Copilot.
Es saber cuándo confiar en ellos, cómo comprobar sus respuestas y qué fuentes utilizar para contrastarlas.
Esto tiene incluso un nombre que cada vez vas a escuchar más: alfabetización en inteligencia artificial.
¿Qué es la alfabetización de la inteligencia artificial?
No significa saber utilizar ChatGPT o Gemini.
Significa entender sus posibilidades, sus limitaciones y aprender a utilizar estas herramientas de forma responsable.
Una IA puede ayudarte a generar una ruta, pero una fuente oficial puede confirmar las condiciones reales.
Puede darte una explicación sobre programación, pero tú debes comprobar que el código funciona.
Puede recomendarte una configuración, pero un profesional debe valorar si es segura.
Puede generar una respuesta en segundos, pero la responsabilidad sobre cómo utilizamos esa respuesta sigue siendo humana.
Y esa diferencia entre usar tecnología y entender tecnología es precisamente la que marcará muchos perfiles profesionales durante los próximos años.
Porque saber utilizar IA está muy bien. Saber cuándo no debes fiarse ciegamente de ella está todavía mejor.
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La IA puede analizar información, generar contenido, ayudar a programar, interactuar con aplicaciones y automatizar determinadas tareas.
Esto hace que el profesional tecnológico tenga que entender no solo cómo utilizar estas herramientas, sino también cómo funcionan, qué limitaciones tienen y cómo integrarlas correctamente.
Un ejemplo muy sencillo para un futuro programador.
Imagina que estás desarrollando una aplicación para organizar rutas de montaña. Puedes pedirle a una IA que te ayude a:
- Generar parte del código.
- Diseñar la interfaz.
- Crear una base de datos.
- Detectar errores.
- Proponer funcionalidades.
- Analizar información meteorológica.
- Crear documentación.
Parece que la IA hace prácticamente todo.
Pero hay una pregunta que sigue dependiendo del profesional:
¿Lo que ha generado la IA funciona realmente y es seguro? Ahí entra el conocimiento técnico.
- Un desarrollador debe ser capaz de revisar el código.
- Un administrador de sistemas debe comprobar la infraestructura.
- Un especialista en redes debe validar las comunicaciones.
- Un profesional de ciberseguridad debe analizar los riesgos.
La IA puede acelerar el trabajo. Pero el conocimiento permite saber si el resultado merece la pena.
¿Cuál es entonces la regla de oro para este otoño?
Cuando llegue el próximo fin de semana y alguien del grupo diga:
“Hagamos esta ruta que me ha dado la IA, que dice que es una pasada.”
Puedes responder algo como:
“Perfecto, déjame que la contrastemos bien antes.”
- Mirad el tiempo.
- Comprobad el recorrido.
- Preparad el material necesario.
- Y lo más importante: Avisad siempre a alguien de dónde vais.
Y utilizad la IA como ayuda, no como sustituto del sentido común.
Porque la tecnología puede ser una compañera increíble para descubrir lugares, organizar planes y aprender cosas nuevas.
Pero no debería ser la única que decide por dónde vais.
¿Te interesa entender cómo funciona la tecnología y no solo utilizarla?
Casos como este demuestran algo curioso: utilizamos la IA, aps, GPS, redes y sistemas digitales constantemente, pero muchas veces no nos paramos a pensar en cómo funcionan realmente.
Si este tipo de noticias te llaman la atención, probablemente ya tengas algo que encaja con el mundo de la informática: curiosidad por saber qué hay detrás de esta tecnología que utilizamos todos los días.
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Porque quizá este otoño empieces haciendo una ruta con tus amigos.
Y quién sabe.
Quizá dentro de unos años seas tú quien esté detrás de la tecnología que utilizan para encontrar el camino.
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